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Vlada Tomova: una música búlgara con una misión más allá del océano

Vlada Tomova: una música búlgara con una misión más allá del océano

domingo, 8 marzo 2026, 15:55

Vlada Tomova: una música búlgara con una misión más allá del océano

FOTO Lila Rupa

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Aparte de ser cantante y compositora, Vlada Tomova es creadora de formaciones musicales y viajes internacionales para el intercambio cultural. A finales de febrero, en el marco del festival Master of Art, debutó en Bulgaria como autora de un documental titulado Un dragón voló, realizado en colaboración con su coro folclórico Yasni Glasove de Nueva York. Esta peculiar película-concierto es un homenaje a la estadounidense Martha Forsyth, destacada etnomusicóloga que visitó Bulgaria decenas de veces desde mediados de los años 70 hasta finales del siglo XX, recopiló y grabó miles de canciones populares búlgaras en diferentes pueblos y popularizó el folclore nacional.

FOTO YouTube /Vlada Tomova

Vlada Tomova, que considera a Martha Forsyth su mentora, fuente de inspiración y amiga íntima, es conocida como la maga búlgara de del podio musical neoyorquino. Se graduó en una de las escuelas superiores de música más prestigiosas del mundo, el Berklee College of Music, y lleva más de un cuarto de siglo interpretando y difundiendo el folclore búlgaro en Estados Unidos y en todo el mundo. Además del primer coro folclórico femenino búlgaro de Nueva York, Yasni Glasove, Tomova creó el ensamble Balkan Tales, en el participan destacados instrumentistas de Nueva York. Su álbum de debut, titulado Balkan Tales, publicado en 2009, fue presentado en todo el mundo. Gracias a su Canción sobre el alfabeto muchos niños búlgaros de todo el mundo aprenden el alfabeto cirílico. La llaman “una de las voces contemporáneas más emocionantes de Bulgaria y estrella de la música en Estados Unidos”. La entrevista exclusiva para Radio Bulgaria comienza con la pregunta de qué piensa ella misma: ¿es una estrella?

“Es un concepto muy relativo”, sonríe Vlada. Ha conocido a artistas que llenan estadios gigantes y la invitan a participar en sus conciertos, como el artista belga Stromae. Pero no se siente diferente a ellos y no le preocupa.“Es una palabra muy extraña para mí, la palabra “estrella”. No sabría definirla. Siempre me siento muy espontánea y fiel a mí misma, y si soy una estrella, no sé si eso tiene mucha importancia”.

Vlada Tomova vive en Estados Unidos desde hace unos 27 años. Le resulta difícil definirse como estadounidense o búlgara:“Desde niña me considero ciudadana del mundo. En realidad, soy mitad rusa, pero crecí en Bulgaria. En mi familia se hablaba mucho ruso, estudié en una escuela rusa y nací en Crimea, en Ucrania. Desde pequeña me preguntaban: “¿Cómo te sientes, búlgara o rusa?”, y yo nunca podía responder a esa pregunta. Fuera de las fronteras de Bulgaria siento mi identidad búlgara de una manera muy fuerte y emocionante. En mi opinión, las raíces son algo que vive muy profundamente en nosotros y, aunque estemos en el otro extremo del mundo, siempre están ahí. A veces incluso las sentimos con mucha más fuerza. Pero creo que, en esencia, soy una ciudadana del mundo”.

 

FOTO Facebook /Vlada Tomova

Ella describe a sus padres como “músicos e ingenieros”. “Mi padre era pianista autodidacta. Se conocieron en el Instituto Politécnico de Járkov, donde ambos estudiaban, y mi madre llegó con el deseo de cantar en el grupo que dirigía mi padre. Así que los dos estaban muy vinculados a la música. Mi madre interpretaba romances rusos y su sueño era ser cantante de ópera. Fue ella quien realmente me impulsó hacia la música. Yo, en cambio, sentía atracción por el escenario como actriz. Desde pequeña me interesaban el teatro y la pantomima, pero mis padres se oponían”.


FOTO BTA

Su interés por el folclore búlgaro y por géneros como la música étnica y la world music surgió inicialmente por la influencia de su entorno social.

"Al ingresar en esta prestigiosa escuela de jazz y música contemporánea en Estados Unidos, Berklee, me di cuenta de lo poco que sabía realmente sobre el jazz. De alguna manera, sentí la necesidad de encontrar un estilo propio, algo que me hiciera destacar. Mis compañeros estaban muy intrigados por el hecho de que fuera de Bulgaria y todos pensaban que podía cantar “como un coro”: Yo les respondía que no podía cantar como un coro, porque soy una persona y no un coro”.

Sus compañeros de la universidad llamaban “el coro” a los vinilos de la legendaria serie “El misterio de las voces búlgaras”, al grupo del mismo nombre y también al sonido característico. “Esa particular extracción del sonido, el melisma, la ornamentación de las melodías, los ritmos uniformes… Todos me preguntaban: “¿Puedes cantar algo?”. Y yo empezaba a rebuscar en mi cabeza, porque en realidad no me sabía ninguna canción completa. Recordé uno o dos versos de canciones que, para mi gran alegría, cantaba en las fiestas con mis compañeros, y a todos les encantaban. Poco a poco empecé a recordar otras canciones y a experimentar, mezclándolas con jazz. En las clases de composición utilicé ritmos irregulares, ornamentación… Empecé a escuchar en la biblioteca de Berklee —porque allí hay de todo— a ese coro, “El misterio de las voces búlgaras”, que por entonces daba conciertos por todo el mundo: desde Japón hasta Río de Janeiro. En realidad, ese fue el comienzo”. Y a Marta la conocí unos seis años después. Ya había terminado Berklee y me había mudado recientemente a Nueva York. Volví a Boston por un día para participar en un evento de la comunidad búlgara, y dio la casualidad de que ella y su marido estaban allí.

“Un dragón voló”, es un documental sobre la vida y obra de la etnomusicóloga estadounidense Martha Forsyth.

FOTO IEFEM-BAN

La contribución de Marta Forsyth a la recopilación y estudio del folclore búlgaro es reconocida desde hace tiempo en nuestro país, pero resulta evidente que su papel en la vida de Vlada Tomova es fundamental, ya que la cantante le ha dedicado incluso una película.

“En realidad, para mí, este acercamiento a las raíces surgió inicialmente por la curiosidad de mis compañeros. Pero al empezar a cantar estas canciones, sentí una emoción dentro de mí, una emoción que nunca hubiera imaginado que la música popular pudiera despertar. Mi deseo de aprender más canciones se intensificó, y comencé a buscar contacto con algunas de nuestras cantantes para poder aprender de alguien. Nuestra forma de cantar es tan diferente que puedes intentar imitarla, pero también cometer muchos errores, imaginando que algo se hace de una manera, cuando en realidad se hace de otra completamente distinta. Al conocer a Marta, en algún momento le pedí que me recomendara personas que pudieran ayudarme a aprender más, puramente desde el punto de vista técnico del canto. Ella me puso en contacto con Kremena Stancheva. De hecho, quizá por entonces mi coro ya estaba en su fase inicial, porque, al mudarme a Nueva York, una de las primeras cosas que sucedieron fue el interés de gente muy joven por aprender nuestras canciones”

Ánsaemble Yasni Voices

FOTO Consulado General de Bulgaria en Nueva York

El ya famoso conjunto vocal femenino Yasna Voices se formó a finales de 2002 o principios de 2003. La primera actuación del ensamble ante el público tuvo lugar solo unos meses después de su formación e incluyó la participación de la propia Yanka Rupkina, quien sigue siendo amiga de Yasna Voices hasta el día de hoy.

 

La conversación íntegra sobre Marta Forsyth, el ensamble Yasna Voices, las canciones y los dragones, así como los planes para nuevos proyectos musicales y cinematográficos, se presentará en Radio Bulgaria muy pronto.Y, para terminar, Vlada Tomova se dirige a los búlgaros:

FOTO Facebook /Vlada Tomova

“Un deseo, que no sé hasta qué punto es actual, pero que me parece que podría serlo, es tener autoestima. Cuando me fui al extranjero, mi autoestima nacional era extremadamente baja. Luego aumentó considerablemente, en parte gracias a que escuché a mis raíces y, de alguna manera, logré ver que eran muy valiosas. Creo que nuestra conciencia nacional ha mejorado mucho, pero, a pesar de todo, sigue teniendo una peculiaridad: o bien es demasiado elevada o bien demasiado baja, y de alguna manera no conseguimos encontrar un entorno saludable en el que sentirnos orgullosos de ser búlgaros y de todo lo que hemos aportado al mundo”.

Redactora Tsvetana Tóncheva

Traducido por Zoraida de Radev