Autor
Alexandra Karamihaleva
lunes 9 marzo 2026 20:00
lunes, 9 marzo 2026, 20:00
Padre Nikolay Nikolov
FOTO Alexandra Karamihaleva
Tamaño de la letra
Una de las características de la misión de los sacerdotes búlgaros en el extranjero es que, además de servir en su parroquia principal, a veces deben atender a otras comunidades o misiones ortodoxas búlgaras. A menudo se trata de comunidades eclesiásticas que no solo se encuentran en otras ciudades, sino también en otros países. Estos sacerdotes recorren cientos de kilómetros para garantizar la celebración regular de los servicios religiosos en búlgaro y brindar atención espiritual a nuestros compatriotas en el extranjero.
Así es el día a día del padre Nikolay Nikolov. Vive con su familia en Alemania; es sacerdote en Colonia, Bruhl y sus alrededores, pero desde hace un año viaja cada semana a La Haya, en Países Bajos. Recorre más de 350 kilómetros, celebra la misa, confiesa, conversa con sus feligreses y luego regresa a Alemania.
FOTO Alexandra Karamihaleva
La comunidad de La Haya fue fundada por el padre Rumen Kalaydzhiev, de Dobrinishte, en el año 2000. En 2009 fue nombrado allí el padre Yoan Manev, quien sirvió en La Haya durante 15 años, hasta su fallecimiento en 2024. Tras su muerte, la comunidad búlgara en Países Bajos se quedó sin sacerdote y el obispo diocesano, el metropolitano de Europa Occidental y Central, Antonio, encomendó al padre Nikolay Nikolov el cuidado espiritual de nuestros compatriotas. Al mismo tiempo, continuó su servicio en Alemania.
“Hace solo un año que me hice cargo de la parroquia”, dice el padre Nikolay en el podcast “Puente de la fe” de Radio Bulgaria. “ESto sucedió cuando el sacerdote anterior falleció. ¡Que Dios lo perdone! Yo soy, por así decirlo, el más cercano, a 350 km, por lo que vengo aquí tres veces al mes. Intento venir a veces los sábados o los domingos, para poder atender las necesidades de los cristianos ortodoxos en Países Bajos”.
Los cristianos ortodoxos de la comunidad le están muy agradecidos por sus esfuerzos, por su sacrificio y por el tiempo y la atención que les dedica. Hablan de él como de una persona y un sacerdote comprensivo y bondadoso, que siempre trata bien a la gente, la escucha, le ayuda y tiene una palabra amable para todos.
El padre Nikolay dice que no está solo en su ministerio, sino que cuenta con la ayuda de los miembros del consejo parroquial de la iglesia “Santos Arcángeles Miguel y Gabriel” en La Haya, elegidos entre los miembros más activos de la comunidad eclesiástica para ayudar al sacerdote. También colaboran otros miembros de la comunidad, que contribuyen con lo que pueden.
FOTO Alexandra Karamihaleva
Los miembros del consejo parroquial, como personas que viven y trabajan en Países Bajos desde hace años, conocen bien la legislación local y la realidad del país. Tienen contactos tanto entre los búlgaros como entre la población y las autoridades locales, así como entre los cristianos de otras iglesias ortodoxas locales. Son, en cierto modo, mediadores entre el padre Nikolay, que vive en Alemania, y la comunidad. Acuerdan con él el día en que se celebrará el servicio religioso y se encargan de difundir esta información y de organizar la fiesta que se avecina.
“Por muy lamentable que sea, la mayoría de la gente está en las redes sociales, por lo que les informamos cuándo se oficiarán los servicios a través de las redes sociales o por correo electrónico”, aclara el sacerdote.
Reflexionando sobre los retos de nuestro tiempo y el papel de la Iglesia y de la fe en la vida de las personas, el padre Nikolay afirma:
“Como ven, en un mundo sin Dios es muy difícil. Con todas las cosas nuevas que aparecen: depresiones, ataques de pánico, etc., la gente se confunde y, por esa confusión, busca a Dios. ¡Gracias a Dios!”.
FOTO Alexandra Karamihaleva
En la iglesia búlgara de La Haya, al igual que en otras iglesias búlgaras de Europa Occidental, además de los búlgaros, también hay personas de otras nacionalidades que acuden a la iglesia con frencuencia y miembros de la comunidad. A menudo provienen de otras iglesias ortodoxas, pero también hay neerlandeses de matrimonios mixtos que han elegido a la ortodoxia como su religión y a la comunidad búlgara como su comunidad. Según el padre Nikolay, lo que les atrae es el amor a Dios y esa sinergia difícil de explicar con Dios y con el Espíritu Santo, que uno siente en la Iglesia ortodoxa. “Eso es lo diferente. No se puede explicar”. Él, al igual que los otros clérigos búlgaros en el extranjero, tiene en cuenta la presencia de nuestros hermanos y hermanas en Cristo de habla extranjera y se esfuerza por que el culto sea comprensible también para ellos.
FOTO Alexandra Karamihaleva
“En Alemania, por ejemplo, leemos el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles en alemán, y a veces predico en alemán para llegar al mayor número posible de personas”, dice. Explica que el hecho de que a la iglesia búlgara acudan personas de otras nacionalidades también está relacionado con que muchos búlgaros y búlgaras tienen matrimonios mixtos y, por la gracia de Dios, consiguen atraer a sus parejas al ortodoxismo, que les gusta. “Cuando vienen a la iglesia, la calidez que sienten y el amor que perciben en el Espíritu Santo simplemente los atrae”, agrega.
FOTO Alexandra Karamihaleva
Recuerda que, con la ayuda de Dios, todo es posible, y desea: “Que el amor de Dios llegue a más personas. Que la iglesia se llene, que cada vez estemos más apretados dentro, que cada vez estemos más unidos. Para un sacerdote, la mayor alegría es cuando la iglesia está llena, cuando la gente se confiesa y comulga”.
Se alegra de que muchos niños acudan a la iglesia y, como pastor espiritual y padre de cuatro hijos, reflexiona.
“Somos nosotros quienes debemos mostrar a los niños el camino que deben seguir, ya que, como padres y personas sensatas, muy a menudo les hablamos de lo que está bien y de lo que está mal, de que deben comer más frutas y verduras y no abusar de los dulces. Siempre velamos por su bienestar, pero no les hablamos de la vida eterna, y eso es un gran error: no los llevamos a la iglesia, no les hablamos de Cristo, no les mostramos los iconos, no les leemos las vidas de los santos. Si los niños se familiarizan con estas cosas desde pequeños, es difícil que se desvíen del camino que deben seguir. Pero llevar a un niño de 15 o 16 años a la iglesia es más complicado. No es imposible, por supuesto, pero simplemente le resulta más difícil integrarse”.
FOTO Alexandra Karamihaleva
Esto fue lo que dijo el padre Nikolay Nikolov, y concluyó la conversación con las siguientes palabras: “Cristo es el mismo ayer, hoy y mañana. Cristo no cambia. Somos nosotros los que cambiamos: nuestros hábitos, nuestra percepción de nosotros mismos, lo que queremos lograr”.
Redactora Alexandra Karamihaleva
Traducido por Zoraida de Radev
Publicado por Zoraida de Radev