Autor
Diana Tsankova
Artículo
viernes 13 marzo 2026 12:15
viernes, 13 marzo 2026, 12:15
FOTO catholic-bg.org
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Tres sacerdotes católicos búlgaros, que durante el régimen comunista ateo conservaron su fe en Jesucristo -pero no sus vidas- serán proclamados beatos mártires de la fe por el papa León XVI. De este modo, se unirán a Evgeni Bosilkov, Kamen Vichev, Pavel Dzhidzhov y Yosafat Shishkov, quienes en 1952 se negaron a firmar los protocolos del proceso amañado contra ellos y fueron fusilados en el patio de la prisión central de Sofía. Los mártires de la fe son los primeros que, con su sangre derramada, dieron testimonio de la resurrección de Cristo.
Tras el golpe comunista del 9 de septiembre de 1944, el nuevo régimen inició una represión contra la Iglesia católica con propaganda atea, seguida de la prohibición de actos públicos, la confiscación de bienes y el cierre de colegios y hospitales.
Padre Paolo Cortezi
FOTO Facebook / Comunidad Católica - Belene
“Paralelamente, los sacerdotes eran vigilados por la Seguridad Estatal y, en 1946-1947, casi todos ellos tenían ya un expediente”, cuenta el padre Paolo Cortezi, párroco de Belene. Las represiones más severas se produjeron en 1951 y 1952, cuando la mayoría de los clérigos católicos fueron detenidos, incluidos los obispos y algunas monjas, y en el Palacio de Justicia de Sofía se dictaron las sentencias de muerte del obispo Bosilkov (declarado posteriormente beato), y de los sacerdotes de Plovdiv Pavel, Kamen y Yosafat. Los demás fueron condenados a prisión o enviados a campos de concentración, y los últimos de ellos quedaron en libertad en 1967, tras cumplir condenas de 15 años. Hasta los cambios de gobierno, los católicos permanecieron bajo la vigilancia de los servicios secretos y vivieron casi en las catacumbas. Lo que las autoridades se proponían era que estos desaparecieran de Bulgaria.”
A los treinta y tres años, al igual que Jesucristo cuando fue crucificado, Flaviano Mankin sufre la crueldad de los servidores del régimen. Es el más joven de los tres sacerdotes que los católicos búlgaros esperan ver beatificados.
Padre Flaviano Mankin
FOTO vaticannews.va
“El padre Flaviano Mankin fue capturado por los partisanos en 1944”, cuenta Paolo Cortezi. “Como párroco en su ciudad natal, Rakovski, se ocupaba de los niños, celebraba misas y se mantenía al margen de la política. Este joven y alegre miembro de la Orden de los Capuchinos fue descuartizado un día con un hacha y su cuerpo fue arrojado al río Stryama. Junto con él fueron asesinados dos laicos, también mártires, por intentar defender a su párroco”.
El segundo mártir de la fe cristiana es el obispo Iván Romanov. Sometido a múltiples torturas, él encuentra su muerte en la cárcel, donde cumple una condena de 12 años por espionaje.
Епископ Иван Романов
FOTO vaticannews.va
“Monseñor Iván Romanov, nacido en el pueblo de Duvanlii, se convirtió de joven en capellán de la corte del rey Fernando y trabajó en su casa, incluso después de su abdicación fuera de Bulgaria, hasta 1941”, cuenta el padre Paolo. “Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, fue nombrado por el Papa obispo de Sofía-Plovdiv y, en 1944, comenzó a sufrir las represiones de las autoridades contra la Iglesia católica. En el verano de 1952 fue detenido y, unos meses más tarde, a los 73 años, murió en la prisión de Shumen.”
Fortunato Bakalski fue uno de los muchos católicos detenidos y torturados en 1952. Tras sufrir torturas, murió a los 36 años en la cárcel de Sofía.
Отец Фортунат Бакалски
FOTO vaticannews.va
“El padre Fortunat Bakalski, también originario de la región de Rakovski, fue párroco durante varios años en la catedral de San José de la capital y paralelamente, editor de la revista católica “Iskra”. Se pronunció en contra del nuevo régimen, destacando la imposibilidad de que un clérigo aceptara el ateísmo y criticando las restricciones impuestas a la Iglesia católica y la expulsión de los sacerdotes extranjeros. Fortunat Bakalski proclama en voz alta su postura, a diferencia de otros que permanecen dóciles y humildes cual corderos llevados al matadero.”
El proceso de beatificación de los tres mártires, que consiste principalmente en recopilar información y documentos sobre su vida y su obra santa, concluirá en un plazo de dos años. Pero, ¿cómo contribuirá este acto a la autoridad y la obra de la Iglesia católica en Bulgaria como ejemplo de dedicación e inquebrantabilidad en tiempos difíciles?
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“Ellos son un ejemplo de personas dóciles, humildes y trabajadoras que amaban su patria, se dedicaban a la educación de los jóvenes y servían a todos”, responde Paolo Cortezi. “También fueron unos buenos búlgaros, honestos e inteligentes, y sus compatriotas deben alegrarse por que en aquellos tiempos oscuros hubiera personas que, sin violencia, sin utilizar malas palabras o acciones, trabajaron hasta el último momento por el bien de la gente. Estos grandes búlgaros cayeron en la trampa de la represión y han de ser inspiración para que todos nosotros dediquemos nuestra energía y nuestras buenas fuerzas a la sociedad.”
El padre Paolo espera poder presenciar algún día la canonización del primer santo católico búlgaro. “Pero para que esto suceda no basta con haber sido asesinado por la fe”, añade. Es necesario que, por intercesión del beato mártir, se haya producido algún milagro.
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Varias personas ya han dado testimonio de curaciones milagrosas con la ayuda de Evgeni Bosilkov y otros beatos búlgaros, pero sus palabras deben estar respaldadas por documentación clínica, ya que en el Vaticano se toman muy en serio este proceso. Y mientras esperamos que las oraciones produzcan un milagro, Paolo Cortezi desea que no sólo los católicos, sino todas las personas de Bulgaria conozcan las víctimas de aquellos tiempos oscuros y que eso les de fuerza para ser buenos ciudadanos y buenos creyentes.
Autor: Diana Tsakova
Traducción: Alena Markova
Publicado por Alena Markova