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Lección de continuidad: una búlgara en Italia inculca fe y patriotismo

sábado, 2 mayo 2026, 11:05

María Marinova

María Marinova

FOTO Archivo personal

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Quizás el mayor desafío para un búlgaro ortodoxo que vive fuera de Bulgaria sea transmitir a sus hijos el amor por su país y por todo lo búlgaro: la fe, el idioma, la historia, la cultura y las tradiciones. Esto se debe a que muchos de estos niños nacen y crecen en el extranjero, en un entorno lingüístico distinto y en sociedades con culturas, tradiciones y religiones diferentes. Además, a menudo forman parte de familias mixtas.

Nuestra compatriota María Marinova nació en 1985 en Sofía, aunque su familia es originaria de Botevgrad. Se graduó en una escuela de idiomas en Pravets y posteriormente obtuvo una licenciatura en Administración Pública y un máster en Integración Europea en la Universidad de Sofía. Después comenzó a trabajar en la administración pública búlgara. Conoció a su esposo, Giovanni, en Londres y desde hace diez años son una familia y tienen dos hijas, de siete y cinco años.

Milán

FOTO Alexandra Karamihaleva

Hoy, María Marinova vive en Italia, desde hace más de una década, y la encontramos en la iglesia búlgara de Milán, donde contrajo matrimonio con su esposo. Allí, en la fe ortodoxa, fueron bautizadas sus dos hijas. Ellas también participaron en una ceremonia religiosa en la comunidad de la iglesia búlgara “San Ambrosio de Milán” cuando el equipo del pódcast “Puente de Fe”, de Radio Bulgaria, visitó la ciudad.

María Marinova adoptó la fe ortodoxa en su infancia, gracias a su abuela María, quien creció en una familia de sacerdotes del pueblo de Osikovitsa, cerca de Pravets. Fue ella quien llevó a la pequeña María al templo y la acompañó en sus primeros pasos en la fe y en la vida religiosa.

Desde la familia sacerdotal del pueblo de Osikovitsa, pasando por los templos de Sofía, hasta la comunidad de la Iglesia Ortodoxa Búlgara en Milán, la fe de la abuela María vive hoy en las oraciones de sus bisnietas ante los iconos ortodoxos en Italia. 

¿Qué papel desempeña la Iglesia en la vida cotidiana de la mujer búlgara hoy, especialmente cuando vive lejos de su patria?

“No fue difícil encontrar mi lugar, porque ya llevaba una vida eclesial en Sofía, donde vivía antes. Simplemente me integré en la comunidad de la Iglesia Ortodoxa Búlgara aquí, en Milán. ¿Qué significa esta iglesia para mí? Es mi hogar, un segundo hogar: la casa del Señor. Aquí me casé, aquí bautizaron a mis dos hijas y aquí me siento cerca no sólo de Dios, sino también de mi Bulgaria”, responde.

Incluso de joven, en Sofía, María formaba parte de una comunidad de jóvenes ortodoxos que se reunían para debatir temas de fe y participar en iniciativas benéficas. Años después, ya en Milán, responde a la pregunta de qué significan para ella sus compatriotas en la Iglesia Ortodoxa Búlgara de la ciudad:

 

FOTO Alexandra Karamihaleva

Aquí surgen amistades y vínculos muy bonitos y duraderos. Nos apoyamos mutuamente y mantenemos el contacto también fuera de la iglesia. Son lazos muy fuertes, porque se basan en la fe. ¿Es más difícil vivir la fe aquí? Sí, lo es, porque no tenemos iglesias en cada esquina, como en Bulgaria. A veces no hay quien cante, y sabemos que el canto es importante durante la Sagrada Liturgia; incluso nosotras, las mujeres sin experiencia, tenemos que asumir ese papel en ocasiones. Tampoco hay oficios entre semana, sólo los domingos. Además, no existe otra iglesia ortodoxa búlgara en todo el norte y centro de Italia, salvo en Milán. Así que, desde este punto de vista, es más difícil, pero la gracia de Dios es la misma y sigue siendo fuerte”, afirma nuestra compatriota en una entrevista para el pódcast “Puente de Fe”, que dedicó una edición especial a la comunidad ortodoxa búlgara en Milán.

Hoy, María Marinova no sólo vive en Italia, sino que lleva Bulgaria consigo. Es un ejemplo de que las fronteras de la patria no terminan en el mapa geográfico. También demuestra que, incluso lejos de casa, las raíces permanecen vivas, siempre que haya alguien que las alimente con fe y enseñe a la siguiente generación a decir con orgullo: “Soy búlgara”.

Iglesia de San Ambrosio de Milán

FOTO Alexandra Karamihaleva

En el corazón de Milán, en medio del ajetreo de la vida italiana, María construye una pequeña isla espiritual búlgara para sus hijas. Y cuando cruzan el umbral de la iglesia búlgara en la ciudad, ya saben quiénes son. A través de la Eucaristía en la iglesia de San Ambrosio de Milán y de las tradiciones compartidas, no sólo las educa, sino que teje el hilo invisible que siempre las unirá a Bulgaria, sin importar en qué parte del mundo decidan vivir.


Autora Alexandra Karamihaleva

Traducido por Zoraida de Radev