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Alexandra Karamihaleva
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Dimitar Dimitrov, desde Zúrich: cuando el Pintor Celestial sostiene el pincel
sábado 11 julio 2026 12:15
sábado, 11 julio 2026, 12:15
Dimitar Dimitrov
FOTO Alexandra Karamihaleva
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Dimitar Dimitrov es de Sofía, pero en 2022 se mudó a Zúrich para estudiar Ciencia de los Materiales. Eligió cursar sus estudios en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (Eidgenössische Technische Hochschule Zürich – ETH) porque es una de las universidades más prestigiosas de Europa y, en aquel momento, las tasas de matrícula eran asequibles para su familia. Posteriormente, como consecuencia de la política educativa de Suiza, las tasas se han incrementado considerablemente: se han triplicado con respecto al año pasado. Sin embargo, al joven búlgaro aún le queda por cursar un máster, por lo que su vida en la Confederación continúa.
El equipo del podcast Puente de la fe se reunió con este joven durante un curso de iconografía impartido por el sacerdote búlgaro de Zúrich, el padre Yordan Pashev. La conversación transcurrió mientras pintaba un icono de san Juan de Rila, en el que tenía puesta toda su atención, por lo que sus reflexiones resultan casi espontáneas, fragmentarias e inconexas.
De niño acudía a la iglesia de forma esporádica. Como él mismo dice: “No muy en serio ni con mucha regularidad, solo en las fiestas”. Sin embargo, en los últimos años la fe ortodoxa y la vida eclesiástica han cobrado una importancia cada vez mayor para él.
“Fui a la iglesia a principios de año por primera vez aquí, en Zúrich. Conocí al padre Yordan y él me invitó a volver”, dijo mientras mezclaba las pinturas. Su camino hacia la Iglesia pasó por una crisis personal, de la que buscó salir a través de la fe y de la vida eclesiástica. Poco después se unió al grupo de iconografía del padre Yordan Pashev.
Le cuesta explicar qué fue exactamente lo que le llevó a la iglesia, pero describe su estado de entonces como muy difícil. Tras llegar solo a Suiza, en un periodo de crisis existencial en el que todo había perdido sentido para él, encontró en el cristianismo un salvavidas, un rayo de esperanza. No se trataba simplemente de una búsqueda intelectual de respuestas a cuestiones existenciales ni de un intento de llenar los vacíos de su alma y de su vida, sino, sobre todo, de una cuestión de supervivencia como persona sana y plena.
Dimitar con el padre Yordan Pashev
FOTO Dimitar Dimitrov, de Zúrich
“Estaba realmente en una situación crítica. Me daba miedo salir a la calle, no sabía si tenía sentido hacer nada. Entonces empecé, poco a poco, a informarme sobre el tema; me despertó la curiosidad. Simplemente me encontré con ello por casualidad y me pregunté: “¿Por qué no echar un vistazo, leer y conocer toda la cultura del cristianismo, de dónde viene y cuál es su origen?”.
Con el tiempo, va comprendiendo cada vez mejor de qué se trata, aunque no pretende en absoluto haber alcanzado la esencia de la fe cristiana ni conocer las profundidades del modo de vida ortodoxo.
Desde principios de este año asiste regularmente a los oficios que el padre Yordan Pashev celebra en la iglesia búlgara del barrio de Leimbach, en Zúrich, o en otros templos de la ciudad. Participa en la vida eclesiástica de la comunidad ortodoxa búlgara “San Jorge el Victorioso” y se siente parte de ella. Sus temores de encontrarse entre personas ajenas y desconocidas, y de que le resultaría difícil integrarse, resultaron ser totalmente infundados.
FOTO Alexandra Karamihaleva
“Por eso no había ido antes a la iglesia, porque me daba vergüenza y pensaba que no podría hablar con nadie. Sin embargo, todos resultaron ser muy acogedores no encuentra la palabra de inmediato. Sí, todos fueron muy amables”.
Al día siguiente volvimos a encontrarnos con Dimitar en la iglesia, durante la Santa Liturgia y, después, en la comida dominical. Pudimos observar cómo este joven se relacionaba con los feligreses, tanto con sus compañeros de edad como con personas mayores. Estaba sonriente, sociable y receptivo; ni siquiera la persona más prejuiciosa habría podido percibir una pizca de inquietud o distanciamiento. Esas relaciones animadas y cordiales que observábamos las resumía con estas palabras: “He encontrado una comunidad. He encontrado una comunidad búlgara en el extranjero. Fue una sensación maravillosa”, refiriéndose al don de comunicarse con Dios y, al mismo tiempo, formar parte de una comunidad de compatriotas y correligionarios.
El protopresbítero Yordan Pashev desempeña un papel importante en el cambio de vida y en la visión del mundo de Dimitar. Ha sido designado por la dirección de la Diócesis de Europa Occidental y Central para atender espiritualmente a los búlgaros de Zúrich y de la parte germanoparlante de Suiza."Con su cordialidad característica, acoge con los brazos abiertos al joven estudiante y, como dice Dimitar, "con todas sus fuerzas" se ocupa de su integración en la parroquia y de su acercamiento a la Iglesia. Cuando intenta describir cómo es el padre para sus feligreses, Dimitar elige cuidadosamente sus palabras, que brotan visiblemente de lo más profundo de su corazón:
“Una persona muy buena. Simplemente, una buena persona. Alguien que te ayudaría en cualquier cosa que le pidieras. Es muy receptivo. Cariñoso con todo el mundo. Y es muy agradable”.
Dimitar terminará pronto su grado y aún le quedan dos años de máster, de nuevo en Zúrich. Pero tiene claro que, aunque algún día abandone la ciudad a orillas del Limmat y la Iglesia Ortodoxa Búlgara de allí, seguirá acudiendo a la Iglesia, sea cual sea el camino que le depare la vida.Y si vuelve a encontrarse en una situación complicada, atraviesa pruebas difíciles o se halla en una encrucijada, ya cuenta con una brújula que funciona bien. Sabe dónde buscar ayuda, apoyo, consuelo y esperanza; sabe cómo encontrar el rumbo correcto, el sentido y el propósito. “No puedo decir si funcionará ni si sucederá, pero me gustaría volver a buscarla si me encuentro en una situación así”, afirma, porque ya sabe que nunca estará solo, en ningún lugar ni en ningún momento. Sabe que Dios está a solo un suspiro, a un “¡Señor!” de distancia de nosotros.
FOTO Alexandra Karamihaleva
Mientras hablábamos, Dimitar seguía pintando su icono de san Juan de Rila, con la mirada fija en el modelo que tenía sobre la mesa. El icono del asceta de Rila es el primero que reconoció entre los modelos que el padre Yordan les entregó al comienzo del curso. Hace unos años, viajó con su madre al monasterio de Rila y subió hasta el lugar donde san Juan vivió como asceta y descansó en paz. Junto a la roca donde el taumaturgo de Rila permanecía en oración, Dimitar leyó una inscripción las palabras que el santo dejó como testamento a sus discípulos que le impresionó profundamente.
FOTO Alexandra Karamihaleva
“¿He plasmado todo esto en este icono?”, se preguntó a sí mismo, alternando la mirada entre su creación y el modelo que tenía delante. Con cada delicado trazo sobre la tabla, la imagen del taumaturgo de Rila iba cobrando vida y, bajo el pincel del joven iconógrafo, la representación se acercaba a su modelo original: una ilustración viva de la vida cristiana que Dimitar había emprendido.
Autora Alexandra Karamihaleva
Traducido por Zoraida de Radev